La liberación de tres asesinos desnudó las carencias del Código Procesal Penal que cumple un año y dos meses desde su implementación, y en su haber ya tiene dos pedidos de reforma.
El CPP obligó a los integrantes del Poder Judicial a salir a sumergir la nariz en la realidad. Y a correr de audiencia en audiencia.
La alta visibilidad del sistema permitió conocer la cara de varios integrantes de la Justicia, protegidos a la sombra de la toga. Desde hace meses, fiscales y jueces vienen denunciando por lo bajo el ajetreo que genera un Código al que se lo tilda de “garantista”.
“Tenemos un Código muy bueno para una sociedad como la Suiza, pero esto es Neuquén y cada vez está más violento. Hay que adaptarlo a nuestra realidad”, masculló un hombre del Ministerio Público Fiscal. Otro funcionario del mismo organismo sumó: “Te piden que en 24 horas justifiques que existe el riesgo de fuga de un asesino. Es ridículo”.
El rodaje del nuevo sistema ha demostrado que existe un falso progresismo ya que el CPP no termina de dar garantías ni a las víctimas ni a los victimarios y se rige más por los humores sociales y por cómo esto impacta en los magistrados.
Los jueces, que no terminan de unificar criterios, se encuentran en un vaivén de decisiones que provocan la ira de la opinión pública -como la liberación de los tres asesinos- o se arrojan a la tribuna como la detención de Felipito Soazo. La liberación de los asesinos ha generado malestar hasta entre los jueces. “¿Vos crees que esas tres personas quieren estar presas de nuevo? ¿Vamos a ver qué pasa cuando los vayan a buscar? No los encuentran más”. Lo dice un magistrado cargado de malhumor y pragmatismo.


