Como era de esperar, la barrera disparó los precios del asado a números increíbles, por lo que el supuesto estatus pretendido nunca se cumplió. Todos comimos mal y pagamos caro.
Ahora, dicen las autoridades que está la decisión tomada de levantar la endeble barrera y que sólo resta definir la fecha.
Cuando esto ocurra, propongo comprar una tira, asarla al calor de una parrilla, reflexionar sobre cuántas veces somos víctimas de decisiones imbéciles y, después de mordisquear un hueso hasta dejarlo pelado, brindar con un buen trago a la salud de los consumidores y en honor al incansable Eliot Ness.


