Los robos en las cercanías de los colegios en la ciudad no son un fenómeno nuevo. Está claro que por el momento fallaron los mecanismos de prevención que instrumentó la Policía, si es que efectivamente desde la fuerza vienen tomando nota del problema.
Los padres de la céntrica EPET 14 dijeron basta y salieron a los medios a denunciar que en lo que va del año ya hubo 60 casos en los que los alumnos fueron víctimas de delitos.
Hace poco más de dos meses, directivos del CPEM 46, ubicado a solo tres cuadras, habían exigido la presencia de más policías en los horarios de ingreso y salida luego de que dos chicos de 11 y 13 años arremetieran contra un estudiante de tercer año.
Para combatir la inseguridad se pueden tomar medidas a corto, mediano y largo plazo. Si bien existen de las más variadas recetas, ninguna puede garantizar a ciencia cierta un éxito rotundo. Aplicar un “corredor seguro” (los alumnos tienen que caminar por determinadas calles que son vigiladas por policías y vecinos) podría dar una respuesta inmediata para disuadir a los posibles agresores y, al menos, lograr disminuir la cantidad de ataques contra los estudiantes.
En 2012, en Cipolletti, se generó una situación similar, y la iniciativa permitió que bajara la cantidad de este tipo de robos. Si bien se trata de un universo más chico en el que dio resultado, tranquilamente podría llevarse a cabo en Neuquén con los colegios que están en la misma zona. “Con probar, no perdés nada”, afirma el dicho popular. Y en este caso, hay mucho por ganar: que los chicos no vayan a la escuela con miedo y que ya no vivan pensando que en cualquier momento les pueden arrebatar el teléfono, la mochila y el dinero para el colectivo.


