Córdoba
Sara llamó a su amiga que estaba desesperada y apenas cortó fue a consolarla porque el hijo de esta acababa de ser secuestrado. Apenas se produjo el primer llamado de los captores, Sara se ofreció a hacer de mediadora. Puso el teléfono fijo en modo altavoz y negoció con el delincuente. Luego colaboró en la colecta que se armó de manera espontánea para pagar la liberación. Pero cuando llegó la Policía, se hizo a un costado y llamó al secuestrador, que no era otro que su yerno, para avisarle que todo se estaba “pudriendo”.
Dos años después, Sara Patiño, jubilada de 65 años, fue condenada a cuatro años de prisión por el Tribunal Oral Federal N° 1 de la ciudad de Córdoba, acusada de haber participado en lo que se llamó un “narcosecuestro”. La mujer, según los detectives, tuvo un rol clave, ya que “jugó a dos puntas”: dio datos esenciales para el secuestro y, exagerando su rol de amiga, mantuvo al tanto a los delincuentes de todo lo que sucedía en torno a la familia que debía pagar el rescate.
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