Contradicción del desarrollo

Durante la década del 70, época de las "grandes obras" y el desarrollo de la actividad hidrocarburífera, Neuquén recibió a miles de personas de otras provincias y de países limítrofes en busca de trabajo y de un futuro mejor.

Fue una época de gran crecimiento para Neuquén y especialmente para la capital, aunque esa expansión tuvo su lado negativo: el aumento de la pobreza, hasta ese momento muy incipiente en estas tierras patagónicas.

La oferta de trabajo, en la década del 70, generó una enorme corriente migratoria a la provincia de Neuquén.

La promocionada oferta laboral en esta tierra de oportunidades hizo que miles de familias dejaran sus pueblos de origen, aun sin la certeza de que conseguirían empleo. Una buena mayoría lo logró y pasó a ser la nueva neuquinidad por adopción que echó raíces y creció a la par de la provincia. Quienes no tuvieron esa suerte, decidieron quedarse igual, tratando de sobrevivir con las "migajas" que quedaban de aquel desborde de bonanza y desarrollo. Así comenzaron a crecer los primeros bolsones de pobreza.
Cuarenta años después, se vuelve a vivir un fenómeno similar, aunque enfocado en Añelo, una pequeña localidad lindante a una formación extremadamente rica en gas y petróleo: Vaca Muerta.

Desde que se conoció el potencial que encerraba la zona, un nuevo peregrinaje de foráneos comenzó a llegar a la región, incluso cuando la actividad no comenzaba a desarrollarse en su plenitud.
Ayer el intendente Darío Díaz aconsejó públicamente que no vaya nadie más a radicarse al pueblo para evitar problemas mayores. Fue una manera de anticiparse a un posible caos por la falta de infraestructura. Un intento por no repetir experiencias que resultaron negativas, aun cuando fueran consecuencia del crecimiento y el desarrollo.

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