Convivir con los delincuentes

A la delincuencia, como sociedad, la tenemos que aceptar como los humanos a la muerte. Desde siempre el ladrón ha sido un vanguardista que está dos pasos delante de la Policía, que siempre lo va a correr de atrás.

Mientras la Policía resuelve hacer prevención y mostrar más efectivos en las calles para disuadir, los delincuentes ya tienen resuelto su próximo paso. Es así que ya no esperan que se vaya el dueño de casa para robar, sino que aguardan que llegue para amenazarlo y que les dé todo más rápido. Así crearon las entraderas.

Cuando la gente sale del banco como si hubiera ido al almacén, ese exceso de confianza es aprovechado por los ladrones que hacen salideras y se alzan con el dinero rápidamente.

Salideras, entraderas, pungas y ladrones que hacen temporada en zonas turísticas son un clásico.

Cuando los comerciantes decidieron poner internet y consultar con el BCRA si un cheque tiene fondos, el delincuente ya resolvió cómo debe concretar su estafa con los minutos contados. Mientras las casas de venta de tecnología ponen seguridad en sus vitrinas, el punga ya sabe cómo levantar las bisagras sin tocar la cerradura y robar a discreción.

Cuando la Policía satura la ciudad para evitar nuevos robos, el delincuente está dando golpes a diestra y siniestra en las localidades vecinas. Si es verano, aprovecha para ir a hacer temporada a Las Grutas y, si es invierno, a la cordillera.

En tiempos donde valores como la honestidad y el trabajo han quedado al margen de la vida social, la delincuencia ya se ha instalado y debemos acostumbrarnos a convivir con ella y modificar nuestras conductas, para ser más precavidos y no terminar siendo un número más dentro de las estadísticas del delito.

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