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La Mañana

Corre sangre por las calles

Hace exactamente una semana este cronista  publicaba aquí una advertencia sobre la necesidad de intervenir social y judicialmente el barrio Confluencia, ya que los indicadores de violencia permitían prever un nuevo crimen.
Y el homicidio llegó. Y fue un crimen violento, típico de un barrio en llamas. Rencillas entre bandas, pibes desencajados y armas de fuego que sobran en esta provincia.
Todos esos elementos volvieron a converger en un lugar donde todo arde con nada, y donde ahora hay un hombre asesinado y, lógicamente, una venganza latente.
El crimen es un espejo de la barriada. “Si querés ver un muerto en Confluencia, vení, sentate en la vereda y lo vas a ver”, confió un vecino cuando recorrimos el sector, en septiembre pasado, haciendo una radiografía de las familias que tenían en jaque al vecindario.
Irónicamente, Rubilar estaba en la vereda sentado cuando miembros de la banda de los Osés lo ejecutaron de dos tiros a sangre fría. 
Sentarse en la vereda y ver pasar la vida en Confluencia puede ser letal.
Pero tanto o más terrible es la desidia de los funcionarios que, a sabiendas de estas situaciones recurrentes, nunca resuelven una intervención integral en el territorio. Una intervención que no solo incluya a policías y blindados, sino a expertos para abordar la problemática, contener y recuperar a los jóvenes y reconstituir los lazos sociales en el sector. Como parece que soy un pájaro de mal agüero, creo que lo que dicta la lógica termina siendo un pedido utópico, más en una época donde cosechar votos es todo. Si nada cambia, habrá que poner el banquito en la vereda, porque en poco tiempo veremos correr más sangre por las calles de la Confluencia.