Todo esto para decir que las cabinas del peaje son la triste prueba de que el día a día de miles de personas podría ser mejor. Si no estuvieran, el tránsito sería más fluido. Una de esas pequeñas grandes cosas que pueden mejorarte algo el final del día, porque, ¿qué es la vida sino una sumatoria de pequeños instantes? ¿Cuál es la lógica de que sigan ahí, todavía, como si fueran parte de un homenaje al olvido?


