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La Mañana

Creciendo a punta de pistola

El futuro es de los jóvenes.  Lo sabemos. Los chicos primero. No se discute. Ellos están ante todo, y el bienestar de un hijo es el objetivo que la enorme mayoría de los padres no negocia. Jamás. Pero si hasta mandarlos al colegio para que se nutran y construyan su destino implica el riesgo de que les roben a punta de pistola, la tarea se complica demasiado. En horas en las que los programas de TV se nutren del descarnado razonamiento del antes semidesconocido y ahora híper popular Ivo Cutzarida sobre la inseguridad, basado en la reacción de los mortales ante la situación extrema de que nos toquen a un hijo, en Neuquén se sumaron dos adolescentes a la lista de víctimas de robos a mano armada. Sin distinción de edades ni de barrios, de noche o a plena luz del día, por la mochila, el celular o un par de billetes, los chicos están en peligro. Y las soluciones escasean. Aquí, allá y en todas partes. Ninguna de las medidas que se tomen para dormir algo más tranquilos parece suficiente. ¿Hacer un corredor escolar como en el Gran Buenos Aires puede funcionar? ¿Poner un policía en cada esquina de las escuelas alcanza? ¿Eso nos dejará, por fin, pegar un ojo o pasar todo el día sin la necesidad de un mensaje de texto, de un llamado tranquilizador? ¿Será este el mundo que les heredaremos? Cómo brindarles a los chicos seguridad, cómo vivir sin el corazón en la garganta son algunas de las grandes preguntas a responder en estos tiempos violentos. Tiempos en los que se discute con la misma virulencia los alcances de la inclusión y de las penas, en los que los responsables discuten mucho pero aciertan poco, en los que los organismos de seguridad pierden la batalla y los chicos, la inocencia a punta de pistola.