Neuquén crece al ritmo de las expectativas del desarrollo de Vaca Muerta, y no sería utópico pensar que se convertiría en la Fort Worth de la Argentina. Algunas semejanzas con esa ciudad, que explotó a la sombra de la increíble Dallas, comienzan a vislumbrarse con los proyectos inmobiliarios que van tomando forma y que cambiarán de cuajo el paisaje urbano de esta capital.
El desembarco de la cadena Hilton, así como el racimo de inversiones que llegarán a los terrenos en el corredor Leloir-Dr. Ramón, seguramente no fueron imaginados ni siquiera por Horacio Quiroga -un calculador contumaz de los tiempos de gestión-, cuando decidió postularse nuevamente a la Municipalidad luego de su paso por el Congreso.
Tamaña disyuntiva, sin embargo, le toca resolver aquí y ahora para evitar que otras urgencias de la ciudad conspiren contra los proyectos políticos que diseña el intendente, a la luz de las nuevas perspectivas del negocio hidrocarburífero.
Si pensar una ciudad para el futuro cercano con Vaca Muerta cada vez más dinámica es una tentación para cualquier dirigente de Neuquén, el tamaño que adquirió la crisis del transporte los desafiaría a una verdadera prueba de ingenio político.
Quiroga juega en medio de este gran dilema: cómo preparar a Neuquén para convertirse en Dallas, sin que sus servicios públicos se parezcan a los de Puerto Príncipe.
Su actual gestión municipal ya está en tiempo de descuento. La cuenta regresiva es tan inexorable como la paciencia de miles de usuarios que no se resignarán a seguir siendo tratados como ciudadanos de segunda, en una ciudad que aspira a llegar lejos gracias a sus recursos naturales.


