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La Mañana

Demanda para la educación

Las autoridades provinciales de Educación anunciaron que van a sumar más profesionales destinados a prevenir e intervenir en las situaciones de violencia que se dan en las escuelas de toda la provincia ante el aumento de las agresiones entre estudiantes. Una medida que parece haber llegado a destiempo, teniendo en cuenta la gravedad de los hechos que se han dado a conocer y aquellos que no fueron visibilizados. Los casos registrados están directamente vinculados con la violencia social, es decir que no le pertenecen exclusivamente al ámbito educativo, sino a la sociedad, y en todos sus extractos. Siempre existieron los conflictos sociales entre escuela y familia, pero nunca habían sido tan visibles ni tan violentos. Los especialistas señalan la necesidad de que los adultos asuman su rol de referentes y de autoridad legitimada. Es más, agregan que, si el adulto se muestra débil y encima tiene un rol de referencia, genera en los niños y jóvenes a su cargo incertidumbre y desasosiego. Y ese entorno lo que provoca es mayor agresividad y violencia. Algunos llaman transgresiones a este accionar violento de los alumnos, impulsos negativos ante la falta de contención y límites que imponen la desatención de los padres. Este nivel de descontrol supera cualquier tipo de desobediencia, se convierte en un desafío frente a la referencia del adulto. Y la naturalización de la violencia como forma de manejarse en la sociedad solo queda a la vuelta de la esquina. Teniendo en cuenta este nivel de violencia inédito y la escasa capacitación que se le brinda o posee el docente, poco es lo que puede hacer si no cuenta con un marco regulatorio que sostenga sus acciones y sus decisiones. Acaso estemos en el momento justo para que el sistema educativo construya nuevos modelos y renueve sus enfoques, no solo en lo que respecta a la enseñanza y aprendizaje, sino también en relación con la convivencia.