Desbordes a la hora de opinar

Decía el escritor y filósofo italiano Umberto Eco, en una de las últimas entrevistas que concedió antes de su muerte, que internet y las redes sociales poco bien le habían hecho a la información y a la libertad de expresión de la humanidad en los últimos años.

Decía qué tanto este nuevo medio de comunicación masiva había promovido "al tonto del pueblo al nivel del portador de la verdad". Y para acentuar aún más su crítica, sostenía que "las redes sociales les dan derecho de palabra a legiones de imbéciles que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la colectividad".

Desde que internet comenzó a ser masivo, los medios abrieron sus foros para recibir opiniones.

El enfrentamiento del genial autor de El nombre de la rosa tenía sus fundamentos en la impunidad que disfruta una gran mayoría a la hora de criticar, insultar y lanzar acusaciones, sin que nadie se lo impida.
Desde que internet comenzó a ser un servicio masivo, los medios de comunicación abrieron sus foros para recibir opiniones de sus lectores frente a los artículos que se publicaban. Sin embargo, durante los últimos años no fueron pocos los portales digitales que decidieron restringir ese beneficio ante la catarata de barbaridades que se publicaban y las peleas que se generaban entre los mismos foristas, aun cuando el tema de discusión nada tenía que ver con la nota por la que supuestamente opinaban.
¿Debería mantenerse abierta la posibilidad de opinar, incluso con el riesgo de que algunos -amparados en el anonimato- digan cualquier cosa? ¿O tiene razón don Eco con su lapidaria opinión frente al avance de la tecnología y los desbordes que a veces tiene la sociedad? Un tema que da para debatir y pensar en pos de una mejor comunicación y de la tan ansiada libertad de expresión.

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