Días atrás contaba que vivíamos el fin de año más violento de la década, ya que en solo una semana hubo cuatro crímenes con los que se cerró el 2014.
Arrancó el 2015 y con mucho alcohol en sus venas. En las primeras nueve horas del próspero año ya tuvimos cuatro muertes violentas, dos en accidentes de tránsito y las otras dos en crímenes.
Viejos policías reconocieron que no tienen memoria de tan violento inicio de año y uno de ellos con total sinceridad confió: “Estamos en una ciudad violenta, por lo que todo esto no nos sorprende”.
Funcionarios judiciales se mostraron asombrados ante semejante violencia porque además de los muertos hubo heridos de arma de fuego y blanca a lo largo de toda la provincia.
El nivel de virulencia provocó que el Cuerpo Médico Forense viera colapsar la mesa de autopsias porque a los cuatro muertos del día hubo que sumar un par de suicidios. En este escenario, se tuvieron que posponer para hoy algunas pericias de presuntos abusos sexuales que se registraron en Neuquén y Centenario.
El factor común de la trágica primera jornada del año fue el alcohol.
En el caso de la mujer que mató a su marido de una puñalada en el corazón en Centenario, ambos estaban alcoholizados. El camionero descontrolado que atravesó la Ruta 22 y terminó su vertiginosa carrera contra una casa también estaba excedido en alcohol. Y en las otras dos muertes también se investiga el consumo de alcohol, al igual que en los dos casos de abusos sexuales denunciados.
Si había alguna duda de que el alcohol es un flagelo para la sociedad, creo que se despejó. El desafío de darle un corte al abuso de alcohol ahora depende de las autoridades.


