El caso Belén y la velocidad

El caso de Belén es, en realidad, muchos casos. Es una condena a ocho años por un aborto que fue catalogado como homicidio agravado, pero es también un debate sobre los métodos procesales adecuados, la prisión preventiva, el derecho al aborto, el rol social de la mujer y una justicia que avanza a otra velocidad cuando los prejuicios parecen pisar el acelerador.

El caso de Belén es, en realidad, muchos casos. Es una condena a ocho años por un aborto que fue catalogado como homicidio agravado, pero es también un debate sobre los métodos procesales adecuados, la prisión preventiva, el derecho al aborto, el rol social de la mujer y una justicia que avanza a otra velocidad cuando los prejuicios parecen pisar el acelerador.

Belén y su historia clínica aseguran que la joven tucumana de 27 años tuvo un aborto espontáneo. La Justicia tomó un puñado de pruebas desprolijas e incompletas para afirmar que ella se provocó la pérdida del bebé y arrojó el feto al inodoro del hospital. Sin evidencia firme, la chica pasó dos años detenida en prisión preventiva hasta que recibió una condena de 8 años de cárcel, mientras 40 organizaciones sociales y 120 mil firmas de todo el mundo clamaban por su libertad.

Mientras se multiplican los casos de delincuentes que reinciden por esperar libres por sus juicios, desde la Justicia se argumenta que es necesario que haya riesgos procesales para concretar la prisión preventiva. Pero cuando se trata de una mujer pobre como Belén, los jueces parecen alimentarse del prejuicio y avanzan más rápido en la condena.

Mientras se castiga con celeridad a las mujeres que quieren decidir sobre su propio cuerpo, los programas de educación sexual para tomar decisiones informadas y no llegar al aborto avanzan por el carril lento. Mientras se mueren con rapidez unas 300 mujeres al año en abortos clandestinos, el proyecto de Legalización de la Interrupción Voluntaria del Embarazo camina en el Congreso Nacional a paso de tortuga.

Mientras, también, hay otra fuerza que camina a paso lento pero firme: la de miles de mujeres organizadas que, con su grito, lograron la libertad de Belén y que no se callarán hasta que se garantice su derecho a contar con un Poder Judicial que las trate sin violencia. El grito que clamó por ella sonará también por las demás y, aunque persevere, no augura logros rápidos. Pero cada conquista será un mínimo paso en el lento avance por la igualdad.

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