El desprecio por los turistas

La realidad de los centros turísticos de la región no está ajena a lo que ocurre a nivel nacional, donde se padece una de las peores temporadas, si no la peor, de la última década.

A priori, sobresalen dos motivos por la floja concurrencia en playas y montañas argentinas. Uno es la incertidumbre por el rumbo de la economía con el cambio de gobierno y el otro es que aquellos que cuentan con cierto poder adquisitivo optaron por viajar a Brasil o Chile.

En Las Grutas y en la cordillera, los comerciantes abusan con los precios. El servicio también es deficiente.

Tanto en las neuquinas San Martín de los Andes y Villa La Angostura como en las rionegrinas Bariloche y Las Grutas, se presenta un escenario similar: hay menos turistas que años anteriores y, para colmo, gastan poco.

Si bien se puede atribuir el fenómeno a que nos quedamos con el "turismo gasolero", está claro que los comerciantes y empresarios del sector tienen un gran grado de responsabilidad en que los viajantes sólo consuman lo mínimo indispensable.

Incluso, la propia intendenta de San Martín de los Andes, Brunilda Rebolledo, descargó su bronca al admitir que se está "matando" con los precios a los veraneantes.

En vez de generar promociones para que haya más consumo, los dueños de los locales remarcan constantemente los precios para tratar de compensar la baja en las ventas. El damnificado: el cliente que se siente robado. Más estafado aún cuando se da cuenta de que algunos negocios aumentan los valores los fines de semana, cuando se incrementa la cantidad de visitantes.

En muchos casos, el broche al maltrato se lo pone el servicio, ya que las prestaciones son deficientes en pos de que el margen de ganancia sea mayor. Y ni hablar de lo que ocurre en Las Grutas, donde se atiende al turista con un gran desprecio, como si se le estuviese haciendo un favor.

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