El dilema Icardi, allá y acá

La Selección necesita una lavadita de cara con la misma urgencia que alguien que se levanta tras una fiesta de casamiento. Hay nombres importantes, superestrellas del fútbol europeo, que sienten un peso extra muy difícil de cargar cuando se calzan la albiceleste.

Son tres finales perdidas al hilo. Son 23 años sin ganar nada que caen como un piano de cola encima de esta generación. El hincha los mira con desprecio y sin piedad, y los manda con entusiasmo al ostracismo mientras el Patón Bauza intenta revivirlos (ya avisó que llamará al Kun Agüero en la próxima convocatoria) a la espera de la renovación. Lógica, muy probable, aunque lejos de los 60 nombres que tiraron algunos medios tras el golpe con Paraguay. Entre los que más sonó, hay uno que genera rispidez, atentos a los códigos de vestuario que rompió al enamorarse de la esposa de un compañero y a cómo decidió manejar su vida personal desde entonces.

En su libro castigó a un sector de la hinchada del Inter. Luego pidió perdón. Ayer colgaron banderas en su contra.

El lunes pasado, Mauro Icardi presentó su autobiografía (sí, a los 23 años), y además de contar cómo empezó su romance a espaldas de Maxi López, se le fue la lengua con los hinchas del Inter, del que es capitán. Los bardeó feo y hasta recordó una amenaza de muerte que les hizo en tono mafioso. Ayer erró un penal, lo silbaron desde la tribuna en la que lucieron un par de banderas durísimas en su contra, y Javier Zanetti, emblema y dirigente del equipo italiano, dijo que analizarán si merece seguir con la cinta en su brazo. Aún en esta crisis popular del Kun y del Pipita, con Dybala y varios delanteros que hacen mérito cada domingo por delante, será difícil para el Patón romper la barrera y citar al delantero fanático de los coches caros y de Instagram. Si hace goles los fines de semana, le meterá presión al DT. Pero si patea en contra, sus sueños de Selección seguirán esperando.

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