En nombre de su loable batalla contra el populismo de aquí y de los cuatro puntos cardinales, el intendente Horacio Quiroga denunció al “punteraje de los barrios”, que asoció al partido gobernante. Esos asentamientos florecen en terrenos municipales con notable hiperactividad en vísperas de elecciones. “Tenemos que terminar con la extorsión de los que convierten a los vecinos en esclavos de las urnas aprovechándose de las situaciones de necesidad”, proclamó Pechi en su discurso de apertura de sesiones.
Convengamos que la toma de un terreno fiscal es una acción contraria a la ley. Y que la sucesión de tomas implica el desconocimiento a todas las normas vigentes. Eso lo suscribimos todos. Pero tal vez sea necesario poner las cosas un poco en perspectiva porque no estamos hablando de gente que se cuelga del cable para apretar 900 canales en su pantalla. Lo que diferencia una cosa de otra es el estado de extrema necesidad, como dice la Iglesia. “Frente a las usurpaciones siempre actuaremos en defensa del interés social. La paz social no es dejar que cada uno haga lo que se le antoje”, advierte el intendente y aspirante a gobernador, y acto seguido habla de “anomia”, que es cuando una sociedad resuelve prescindir de la ley. El dilema se presenta (ley vs. necesidad) cuando se invaden tierras yermas e improductivas pero públicas; o sea, “la tierra de todos”.
¿Qué necesidad viene primero, comer o ir al cine? Buscar satisfacer a los que menos o nada tienen es lo que hace que los partidos, incluso cabalgando sobre el facilismo y el populismo, ganen elecciones. Cuando lo primero es tener un terrenito para empezar, la ley suele ser un lujo lejano, estimado intendente. Y la desesperación, la moneda de cambio.


