Por GABRIEL RAFART
A partir del mediodía del jueves 1 de marzo, la Presidenta Cristina Fernández habló mucho. Su relato fue largo, extensivo y extenuante. Excesivo según sus críticos de apagado protagonismo. Cristina no es Hugo Chávez. El venezolano es más ideológico, igual que florido y verborrágico, un caribeño puro. Sus prolongados discursos parecen muchas veces estar en el registro del “realismo mágico” de un Arcadio o un Aureliano Buendía, personajes de aquella gran obra que es "Cien Años de Soledad". Aunque estos no hablaban tanto, pero sí se metían en grandes empresas, algunas bajo alquimias imposibles, siempre cargadas de buenas intenciones, pero bajo derroteros agobiantes. Si hay que inscribir la biografía de Cristina dentro de aquella novela de Gabriel García Márquez, la suya podría estar en sintonía con la de Ursula. Ambas vidas están cargadas de acontecimientos y actores “trágicos”. Ninguna de las dos se dejan vencer. Aún más, se dedican a reparar los errores y los desastres de “familias”. Por eso la casa de los Buendía siempre está renovándose, tomando mucho de los nuevos integrantes de la familia, guardando tradiciones y sobre todo, cuidando del bienestar de todos sus moradores. Aquella casa del pueblo de Macondo siempre se agranda.
El atril de la presidenta argentina no es un “relato mágico”. Tampoco un retrato inventado. Lo suyo sigue siendo un relato histórico. Da cuenta del pasado, del pasado fundacional y del más reciente, el que puso en riesgo la continuidad de la Argentina como unidad política y social. Habla también de su propio tiempo pasado, de esa unidad que sigue estando en la biografía compartida con Néstor Kirchner. El relato “cristinista” es también realista, trabaja sobre el presente. Interpela a los acontecimientos. Por último, es prescriptivo, apunta sobre un futuro deseado, trabajoso sin duda, pero necesario, alcanzable también. Todo bajo el método de la comparación. El hoy se mide frente al ayer. Lo global-mundial se mide con lo regional-nacional. Lo real se confronta con lo deseable. La voluntad es enfrentamiento al posibilismo. Esas fórmulas en su discurso le ha dado resultados. Otorga identidad para su proyecto. Todo desde un relato ordenado, cargado de sentidos y “contenido”. Método virtuoso el suyo. Esa construcción siempre se mueve bajo la tensión de todo relato de perspectivas y valoraciones. Porque lo suyo es un texto político que habla del poder, de relaciones de poder. Por eso mismo contiene definiciones que pueden no ser coincidentes con el tiempo del poder real, de eso que se construye día a día, entre los que tienen menos poder y aquellos otros que disponen de cuotas mayores. Hay un relato con cierta autonomía frente a los poderes fácticos, sobre todo de estos últimos o, como prefiere el discurso presidencial, de las corporaciones.
Cristina Fernández abrió las sesiones ordinarias del Congreso de la Nación. Lo hizo coincidiendo con el inicio de su segundo mandato. Habló durante tres horas. Agregó un cuarto de hora más. Desde el retorno de la democracia fue el discurso más largo de los que brindó algún presidente argentino frente a los legisladores. No dejó prácticamente ningún tema sin abordar. El mundo de los números y los porcentajes estuvo presente en más de la mitad de su oratoria. Su memoria puede con ellos, aquí hay mucho de academia. Es envidiable aún para el docente universitario más memorioso, versado y de buena oratoria. Tomó parte de la agenda impuesta por los actores política y democrática o sea de aquellos que como ella fueron electos por el sufragio popular. Dejó de lado aquella otra agenda, impuesta por los actores no electos, por ejemplo, no hubo anuncios para el tema de la industria petrolera. En otros términos, no hubo una decisión que los medios y los “mercados” creían inminente, decisión que creían punto de encuentro con el actual gobierno de Chavez. YPF seguirá siendo lo que es, una empresa privada. No hay estatización inminente. Pero su recorrido por el mundo del petróleo no fue para nada vacío. Hablo de recuperar la capacidad productiva. Llamo a que la industria de los combustibles acompañe el desarrollo del país. Aún más destacó a una figura que no estaba del todo convencida con el rumbo neoliberal tomado hace dos décadas como lo fue uno de sus primeros presidentes del directorio durante la primera etapa de Carlos Menem, José Estenssoro.
Durante su oratoria, la titular del Ejecutivo destacó cuatro hechos del presente: la tragedia del Ferrocarril Sarmiento, la política porteña de Mauricio Macri que dio marcha atrás con el traspaso de los servicios del subterráneo, la cuestión de Malvinas y temas de tecnología y desarrollo científico.
Respecto al primer tema no hubo novedad en sus críticas sobre los empresarios ferroviarios del Sarmiento. Aún así faltó contundencia en destacar los fallos del Estado en la capacidad de control y el poder concedente ante el grupo empresario Cirigliano. O en todo, hubo un relato que se neutralizó a sí mismo, por falta de radicalidad en la toma de decisiones. Este es un tema de la agenda de los ciudadanos, no de los medios. Es cierto que días antes al discurso frente al Congreso se tomó la decisión de intervenir TBA. Aquí la línea de tiempo podría acortarse, cuando se sabe que el descenlace seguro es retirar a esos concesionarios del juego por el largo inventario de incumplimientos.
La mandataria también criticó al gobernador de la ciudad capital. Aquí hay una disputa que por ahora se inclina más a favor del gobierno nacional que del porteño, pero que también resulta curioso por los efectos. La batalla por el Subte de Buenos Aires es de resultados que por ahora da tablas. Como empate fue similar al que dejó el ciclo electoral del año pasado en ese distrito: Macri ganó las elecciones locales, Cristina las nacionales. Lo más importante es que el servicio no se interrumpe. A nadie se le ocurrirá que los subterráneos dejen de funcionar, aunque el gobierno porteño quiere que el costo político de su incapacidad de gestión lo pague la administración nacional. Por ahora los reflejos del Ejecutivo fueron rápidos. La continuidad de la presencia de policías federales por un mes más va en ese sentido. Cristina utilizó un párrafo fuerte para cargar sobre Macri y sus decisiones. Frente a una oposición de estrellas sin luces, de esas que según la Presidenta está sometida a la agenda mediática. Ahora el jefe del PRO cuenta con un lugar más estridente dentro de ese firmamento.
En relación a Malvinas, la Presidenta parece haber tomado una de las pocas ideas atractivas que un grupo de intelectuales opositores -Sarlo, Romero, Sabsay, Lanata, entre otros.- lanzó a través de una corta proclama durante la semana pasada. La idea acerca de que los malvinenses sean reconocidos como sujetos de derechos está en la instrucción dada a la Cancillería cuando plantea la continuidad del puente aéreo con las islas. El resto de lo que dijo es parte de un relato ya conocido acerca de cómo sostener y fortalecer a una nación-región, muy lejos de la idea de nación-global de aquel conjunto de intelectuales.


