El karma de ser "el vice"

Rolando Figueroa no quiere ese lugar invisible que la historia les tiene reservado a todos los vices.

Rolando Figueroa no quiere ese lugar invisible que la historia les tiene reservado a todos los vices. Un espacio agónico, donde se ve pasar el poder real y casi nadie termina bien, según las estadísticas de la ciencia política. El vicegobernador se muestra hoy muy activo, de recorrida por el interior, pero sabe bien que ni quiera es la sombra de Omar Gutiérrez. Por el contrario, es una contracara de un gobernador que no para con la maratón de fotos sonrientes, desde el merendero pobre en el oeste neuquino hasta el lujo del despacho de la Casa Rosada. Desde el entorno de Figueroa no quieren entrar en desgracia y hacen todo lo posible para que la cara del chosmalense siga en la escena, sin esmerilar cualquier tipo de relación y autoestima política.

Figueroa tiene que mostrar su trabajo legislativo si no quiere ser una sombra en las luces de Gutiérrez.

“No queremos terminar como Ana Pechen (ex vicegobernadora de Jorge Sapag), buena persona y excelente profesional, pero no hizo política y la mataron en las elecciones”, se lamentan. Es por eso que toman en serio el lema de Gutiérrez “de los escritorios a los barrios” e intentan trasladar el trabajo legislativo a cualquier rincón de la provincia. Figueroa sabe que tiene las de perder y se encarga de saber esa condición a todos los concejales y legisladores. “El arma que tenemos es la palabra”, dijo hace unos días en Centenario, como dando por descontado que sin dinero para resolver problemas, la alternativa para mostrarse es hablar y hacer política. Y en eso está todos los días: se sube al auto y, sin fotógrafo, se reúne con vecinos para escuchar problemáticas, como intentando estar vigente en el selvático mundo del MPN. Y así están muchos políticos en la provincia: sin medios ni flashes y echados a la suerte de dar un batacazo, casi utópico.

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