Pechi Quiroga tiene claro el electorado al que apunta su campaña. Se muestra como un firme opositor al kirchnerismo y critica a sus representantes locales y a quienes él considera sus aliados. Está convencido de que puede ser depositario del voto de aquellos que cuestionan “la década ganada” y de los que no quieren al “sapagismo”.
Lo reiteró ayer cuando le pegó duro a la fórmula K integrada por Rioseco y Ciampini.
Ahora, pese a que tiene su propio partido y que en los últimos años no estuvo entre los que daban el paso adelante para defender a Cristina Fernández, el intendente de Cutral Co nunca se alejó del kirchnerismo desde lo pragmático ni desde lo ideológico.
Y si bien los vaivenes de la política actual cada vez dejan menos margen para la sorpresa, porque pareciera que ya no existen la coherencia y los ideales, al menos suena divertido escuchar cómo Quiroga ataca a Rioseco cuando dos meses atrás buscaba por todos los medios seducirlo para que se sume a su proyecto electoral y destronar al Movimiento Popular Neuquino.
Hay otro latiguillo de campaña de Pechi, que es inteligente y provocador pero que también deja el lugar para que regrese una crítica. Su discurso sostiene que Neuquén tiene un kirchnerismo bipolar: el de los negocios petroleros “en los que el sapagismo es aliado” y el ideológico, que “encierra al Frente para la Victoria”. Una pregunta aflora de inmediato y es a cuál kirchnerismo representaba cuando ostentaba el cargo de subsecretario de Relaciones Institucionales de la Cancillería, porque no hay que olvidarse de que todavía a mediados de 2008 (casi la mitad desde que los K están en el poder), Pechi era parte del modelo del que hoy abjura.


