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La Mañana

El laberinto del señor Quiroga

Le pasó a Carlos Reutemann en su (casi) hora de gloria. Y parece que ahora le ocurre lo mismo al señor Quiroga: el piloto de F-1 arrancó ganador, con toda la fuerza, pero se quedó sin combustible antes del banderazo de llegada. Salvo milagro, el intendente corre el riesgo de pasar a la historia como el hombre que pudo hacerle fuerza al perenne MPN, pero que frustró su gran oportunidad debido a lo que los civiles llaman ego y los políticos, personalismo.
Hace apenas un mes, Quiroga se prodigaba besos con su par de Cutral Co, Ramón Rioseco, convencidos de que juntos podían intentar la hazaña. Pero Quiroga no aceptó dirimir la fórmula a gobernador en una lógica elección interna, como pedía Rioseco. Ahora, el hombre de Cutral Co le dio la espalda y se abrazó al colega de Centenario, Javier Bertoldi, con quien harán campaña hasta diciembre con la idea de ver si mueven el amperímetro.
Esta vez Rioseco fue quien puso las condiciones para que el intendente del FpV no fantaseara por demás. Si acompaña Bertoldi, lo hará como candidato a vicegobernador en un frente que, si bien no entusiasma demasiado en la oficina porteña de Oscar Parrilli, al menos servirá para lubricar la campaña.
Durante ese mismo mes, nuestro campeón antipopulista sufrió golpes que le dejaron un ojo morado: el acuerdo unilateral mediante el cual entregaba a una empresa cordobesa el negocio de la verificación técnica de los autos neuquinos; la decisión de tercerizar el cobro de la recaudación municipal, que terminó levantando sospechas hasta entre los más opas, y el rutilante despliegue de afiches de campaña, contra Sapag, que tapizó el centro porteño. Desde el búnker pechista dicen que el acuerdo con Rioseco no está muerto. Habrá que creer en la catalepsia.