Jorge Sapag lo dijo: llevará un nuevo borrador al encuentro de mañana con el resto de los gobernadores petroleros. A trazos muy gruesos, en la reunión de la Ofephi con Nación podría comenzar a jugarse, todavía más, el futuro de Gas y Petróleo de Neuquén y, en buena medida, la incidencia de la provincia en el negocio petrolero. La empresa se debate entre ser un emergente motor económico y financiero o un testigo de participación medida en el negocio. Sapag -lo dicen muy por lo bajo en su entorno- alcanzó esta semana algo parecido al hartazgo en su relación con la administración nacional. Negociador nato si los hay, dejó de lado su postura medida y su, por momentos, cultivada ambigüedad discursiva, para enrostrarle al kirchnerismo su derrota en las PASO 2013. “Por el acuerdo Chevron-YPF perdí una interna”, dijo el gobernador, sumido hoy en otra puja de final cerrado en el MPN, como recordando los favores prestados. En tren de otras lecturas, cabe decir que se ocupó de ampliar el espectro de la discusión y posó la mirada sobre el futuro cercano. El nuevo marco regulatorio deberá refrendarse en el Congreso Nacional y eventualmente en las legislaturas provinciales. “Si firmamos un borrador que no pasa por la puerta de la Legislatura, ¿a quién le sirve?”, preguntó el mandatario, marcando uno de los posibles límites en el plano interno. En Neuquén, el límite de lo legislable tiene antecedentes. El acuerdo YPF-Chevron, aprobado en medio de una represión policial, es uno de ellos. En un año netamente electoral, el tema es un espectacular trampolín para nombres de uno u otro color. Incluso para el propio Sapag, que, al margen del cuantioso negocio en disputa, no podría volver de una postura diferente.


