En solo siete días se produjeron cuatro homicidios en la capital neuquina, dos de ellos en vísperas de Navidad. A esta saga hay que sumarle un crimen a principios de mes y la cifra de asesinatos en diciembre trepa a cinco.
Los fríos números de los homicidios nos revelan que vivimos el fin de año más violento de la década.
El diciembre feroz comenzó con un joven de 24 años asesinado en una discusión por la venta de una casa en el oeste. Después, el crimen de un muchacho de 28 años en el barrio Belgrano. A esto se suman los dos homicidios del 24: un adolescente de 16 en Cuenca XV y un joven de 27 en el barrio Don Bosco. La lista concluye, esperemos, con un hombre de 42 años asesinado de 23 puñaladas frente a la toma Los Polvorines.
Cuatro de los crímenes fueron materializados con armas de fuego y uno con un cuchillo.
Si bien en la mayoría de los casos hay detenidos o sus autores han sido identificados, esto no alcanza porque hay vidas que se han truncando.
No se puede mirar al costado y obviar que existe una escalada de violencia en Neuquén, donde las armas están a la mano de cualquiera. Los hechos se repiten mientras los gobernantes, carentes de reflejos, dejan correr el tiempo y con ello sangre.
En definitiva, sin políticas integradoras y transversales que alcancen a todos los sectores de la sociedad no se podrá frenar la espiral de violencia en la que estamos insertos y esto tiene que ir más allá de la teoría. Es necesario un Gobierno convencido de que hay un camino por transitar, con todo lo que eso representa, de lo contrario tendremos que sentarnos a contar cada vez más muertos.


