Volverá a trabajar en el ámbito privado. Esa fue la respuesta que dio una fuente municipal cuando se le consultó cuál sería el futuro laboral del entonces renunciado secretario de Gobierno Marcelo Inaudi.
Era una afirmación creíble, ya que el ex diputado provincial había dejado su cargo luego de varios encontronazos y enojos con referentes de la primera línea del Ejecutivo, y en varias oportunidades con el intendente Horacio Quiroga. Sin embargo, horas después, el propio jefe comunal anunciaba que seguiría vinculado a la comuna como asesor. Lo que no aclaró es que su nuevo salario sería equivalente al que tenía antes de su salida.
Dejando de lado las especulaciones respecto de que él era el encargado de negociar con los municipales y llamativamente ayer los trabajadores realizaron una movilización para reclamar un aumento del 30%, está claro que su nombramiento no es una excepción a la regla.
Es más, es solo una muestra de lo que suele ocurrir en la gran mayoría de los organismos públicos, no solo de los municipios sino también de la Provincia y también de la Nación. Porque tampoco hay que olvidarse, por ejemplo, cuando en un ministerio neuquino durante la primera gestión de Jorge Sapag se dio cobijo a una parte significativa de ex intendentes del Movimiento Popular Neuquino y funcionarios de primera y segunda línea del gobierno de Jorge Sobisch. Asesores por aquí, asesores por allá, algunos que van a trabajar, otros que ni aparecen y se dedican solo a cobrar su salario.
Está claro que desde hace décadas en este país los políticos se reciclan. Y es por este tipo de actitudes, que la gente ya no cree en la política, porque sus representantes terrenales utilizan al Estado para vivir, y en muchos casos, para enriquecerse.

