El mismo barro, la misma lluvia

Bastó con que cayeran algunas gotas de lluvia para desnudar esa realidad que a los ojos nos remonta a un Neuquén que siempre necesita de obras y progreso. Una ciudad en la que el asfalto crece todos los días, pero siempre hace falta más. La del fin de semana no fue una gran lluvia como la de abril de 2014. Hubo ayuda social a los más afectados, aunque lejos de provocar grandes evacuaciones. Pero fue suficiente para mostrar algunas falencias en toda la confluencia neuquina. Calles anegadas y llenas de barro, familias enteras que no pudieron transitar caminando ni por la vereda ni por la calle y falta de escurrimiento en algunos sectores del oeste (e incluso en el centro) pintaron otro panorama de la ciudad. Lo mismo sucedió en Centenario y en Plottier, donde en algunas calles quedaron lagunas eternas, que tardarán días en evaporarse. Neuquén si bien ha invertido millones en obras prioritarias de evacuación de tormentas, aún tiene problemas para el desagote de lluvias y no sólo en los barrios más postergados. En Rincón de Emilio aún se quejan por el estado en el que quedan las calles después de las tormentas. Pero los casos más complejos están en el oeste, donde la gente vive mal y no puede salir de sus casas por los anegamientos que hay en muchas arterias. Así las cosas, lo que se necesita son grandes obras de infraestructura, El intendente Horacio "Pechi" Quiroga tiene hoy una oportunidad de bajar fondos frescos de Nación para hacerlas, por su afinidad política con el gobierno de Maruricio Macri. Será un proceso largo, en el que seguro habrá que esperar meses o años. Pero lo seguro es que si no lo consigue, Neuquén se parezca a esa ciudad de siempre, donde dos gotas de lluvia lo arruinan todo.

Cada vez que llueve la ciudad padece los mismos problemas. Con obras se revierte el gran drama.

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