Como las aguas que se retiran antes de un tsunami. Así fue la tranquilidad de la capital neuquina ayer, en medio del contundente paro nacional que prácticamente paralizó al país y que afectó notablemente a Neuquén.
No hubo bancos, ni transportes. No hubo atención en las estaciones de servicio. La administración pública estuvo desolada y las escuelas, vacías. El de ayer fue como un feriado aburrido, de calles vacías y tiempos ociosos o como esos domingos de otoño en los que no importa nada más que el descanso.
El paro se sintió con fuerza y, más allá de los análisis políticos o las reivindicaciones gremiales, traerá una consecuencia real e inmediata: hoy la ciudad será un caos.
En el último día hábil antes de los feriados de Malvinas y Semana Santa, quienes tengan que hacer trámites, retirar dinero del cajero (cobran todos los empleados de la administración pública provincial y la mayoría de los municipales y privados) deberán armarse de tolerancia desde temprano y no desesperarse ante un panorama que -inexorablemente- se presentará más que complicado.
Hoy también será el día de los preparativos para quienes hayan decidido escaparse en estas minivacaciones. Las rutas serán escenario de un peregrinaje interminable hacia la cordillera, por lo que las estaciones de servicio tendrán más trabajo que cualquier día normal y los supermercados atenderán a todos aquellos que se encierren hasta el lunes. Será un día de demandas y urgencias. Una jornada a prueba de nervios, típica de la convulsión de cualquier ciudad después de 24 horas de descanso.
A relajarse y a tener paciencia.


