El petróleo en la era del ajuste

Corren días convulsionados para el sector energético. Por un lado, la dilatadísima paritaria petrolera está en tiempos de definición. Según adelantó Guillermo Pereyra, el Ministerio de Nación ya decidió extender por otros cinco días hábiles las negociaciones. El gremio rechazó una oferta de un 20% más una suma no remunerativa, y mantiene su reclamo del 40% anual. En esos términos, es de esperar que el acuerdo se cierre el torno al 30% de aumento por nueve meses (de abril a diciembre) y un bono. Más allá del número final, lo cierto es que se terminó la época de vacas gordas para los petroleros, que deberán ajustarse el cinturón. Con la incumplida promesa sobre los cambios en Ganancias (ayer Pereyra confesó que hasta el año próximo no habrá que ilusionarse), sus salarios –al igual que los del resto de los trabajadores– correrán por detrás de la inflación y del golpazo devaluatorio de diciembre. Por otra parte, el ministro de Energía, Juan José Aranguren, atraviesa horas críticas tras el principio de incendio que desató con el tarifazo del gas. A su falta de pericia política y el brutal ajuste que aplicó se suma la erosión de las líneas internas dentro del gabinete nacional que lo quieren fuera del gobierno y las investigaciones judiciales, que ya incluyeron allanamientos en su despacho y en la sede de YPF por las compras de gas vía Chile, la licitación de barcos de gasoil y el incremento de las tarifas. A pesar de que las medidas del ex CEO de Shell obligaron al gobierno a dar una fenomenal marcha atrás, Macri optó por respaldarlo. La agenda energética ganó la escena pública. En nombre de la escasez de gas se quitaron subsidios y se inició un ajuste del que no se salvan ni los buenos sueldos petroleros.

Este año ni siquiera los buenos sueldos petroleros se salvan del ajuste del gobierno nacional.

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