El fondo de la cuestión quedó servido en la mesa política de cara al futuro. Administrar la fortuna que la naturaleza le ha dado a Neuquén va mucho más allá de sobrevolar la tirantez propia del crecimiento que se genera en distintos rubros, a partir del nuevo boom petrolero.
Sapag fue elíptico para evitar verbalizar la confrontación que la Provincia tiene con la Nación o particulares sobre los recursos neuquinos.
Durante su discurso, habló de una etapa refundacional y ponderó los acuerdos marco con la presidenta.
Luego, valoró las inversiones de la nacionalizada YPF y Chevron, pero dejó un mensaje en el que subyace la necesidad de tender puentes de diálogo para que ganen todos.
En el año final de su mandato, planteó la necesidad de trabajar todos los días en el músculo del federalismo. Porque ha quedado claro que el choque de intereses es feroz. No solo la Nación parece dispuesta a echar mano al rédito que fluye de estas tierras; las empresas petroleras, junto con la liderada por Miguel Galuccio, también, como toda compañía, buscan avanzar en políticas solo centradas en sus propias necesidades. Y no siempre parecen razonables para ambas partes.
La defensa de esos recursos, que convierten a Neuquén en una verdadera joya nacional, se ha transformado en una necesidad estratégica del Estado.
No basta con las obras que se hagan para acompañar el desarrollo y dar soluciones coyunturales. “No se puede dejar sola a la mano invisible del mercado”, disparó Sapag, consciente de que el fabuloso negocio de otros puede constituir una actitud depredatoria que no devuelva más que migajas.
Quizá ese sea el mayor desafío de él mismo y de los líderes del futuro. Por eso el llamado abierto a la paz social, para evitar el debilitamiento de ese Estado que tiene mucho por cuidar si quiere “transformar la riqueza en democracia consolidada y avanzar en la autonomía social, política y económica”, resumió.
En ese sentido, aparece como una cuenta pendiente la planificación de la matriz productiva, ya que recursos como el petróleo un día se terminan.
También resulta una deuda para un Estado que se presume activo y presente la creación de un ministerio de medio ambiente que aborde las problemáticas referidas. Será clave, por eso, mucho más que la administración del crecimiento y la resolución de los problemas de hoy.


