Con la firma de Ramin Jahanbegloo, analista de The World Post, circuló un inquietante artículo que planteaba una obviedad, aunque con la virtud de agitar el sentido común: “Cuando las personas creen ser dueñas de la verdad absoluta, acaban negando la existencia de los demás”, decía ese texto, que también invitaba a no tolerar la intolerancia tras el atentado a los periodistas del Charlie Hebdo.
Cuando los grupos creen ser dueños de la verdad, sobre todo en materia religiosa, el riesgo de caer en el fanatismo es muy alto. Y hoy es más alto aún el riesgo de dar rienda suelta a esa ceguera por vía de las armas. Lo muestra la historia reciente.
Lo curioso es que habiendo vivido bajo la amenaza de terroristas islámicos definitivamente desde el 2001, algunos intelectuales comiencen a alzar voces de justificación. El atentado a las Torres Gemelas y su desmesura asesina, según esta mirada, no sería sino el resultado de años de prepotencia imperial. No son pocos los que entonces ya decían que “los yanquis se lo buscaron”. La polémica desatada por el tuit de la decana de la Facultad de Periodismo de La Plata, Florencia Saintout, en el sentido de no descartar del análisis los “contextos” que conducen a estas matanzas, transita idéntica argumentación. Voces emparentadas con las que sostenían que si en plena presidencia de Carlos Menem el mandatario no se hubiera querido congraciar con George Bush padre enviando un par de fragatas a la Guerra del Golfo, no tendríamos que haber lamentado luego los atentados a la Embajada de Israel y a la Amia. Pero si aceptamos estos argumentos sería como decir que los dibujantes de Charlie Hebdo “en algo andarían”, solo por dibujar a Mahoma.


