Podría haber sido un incidente más de los tantos que ocurren periódicamente en la ciudad de Neuquén. Sin embargo, cuando intentaban reparar el caño, los operarios del EPAS pincharon otro, pero de gas. El caos fue generalizado. Hubo evacuados, aunque muchos se negaron a abandonar sus hogares por temor. Hubo terror por parte de quienes estaban trabajando y se enteraron de que sus hijos estaban en la escuela, que también quedó afectada por la pérdida de gas. La confusión fue generalizada pero nadie ensayaba una respuesta.
Muchos de los afectados se seguían preguntando ayer el porqué de semejante desastre y, lo más importante, quién se haría cargo de reparar esos daños.


