Por PAULA BISTAGNINO
El amor y la muerte. Las consultas pueden tomar formas diferentes, expresarse de manera diversa y canalizarse con nombres variados, pero el origen se reduce a estas dos cuestiones. “Alguien sólo acude a un analista cuando alguno de estos temas hace síntoma, cuando duelen, cuando generan interrogantes. No importa la manera en la cual el paciente lo especifique, si se trata de la pareja, los hijos, el trabajo, la soledad, el miedo o la vejez, siempre hablan de eso: el amor o la muerte”, dice el psicoanalista Gabriel Rolón. columnista de radio y televisión, conferencista y, desde hace años, uno de los autores bestsellers de la Argentina –incluso ha llegado a ser el número uno por encima de todos los escritores de ficción más reconocidos y populares–. Admite que Buenos Aires es la capital mundial del psicoanálisis y que no es casual que “esa teoría que ahonda, que busca, que cuestiona, haya encontrado su lugar en el mundo”.
Y sin embargo hay un boom de la autoayuda y la espiritualidad también. ¿A qué creés que se debe esto?
La gente busca, por suerte. Se pregunta, quiere saber y entender. Y en esa búsqueda cada quien llega a distintos niveles de profundidad o cuestionamiento, que tienen que ver con sus características personales, su formación educativa, su nivel de sinceridad. Y allí aparecen estas instancias, algunas me parecen a mí más nobles que otras, pero todas cumplen en darle a cada quien un espacio de reflexión o pensamiento y cada uno toma lo que puede o quiere. Hay quienes lo hacen desde lo espiritual, otros desde lo filosófico, algunos leen autoayuda, otros libros más complejos, unos se confiesan y otros se analizan. En fin, la cultura dispone de elementos para que cada sujeto encuentre el que más rima con su ser.
¿Es incompatible con el piscoanálisis o son "cosas" distintas?
El psicoanálisis es una teoría muy particular. Es y no es una terapia al mismo tiempo. Porque si bien cumple un rol terapéutico es más que eso, va mucho más allá de que alguien se sienta mejor. Quiere cambiar la vida de una persona, radical y profundamente. El psicoanálisis y la religión se excluyen, desde el lugar en el cual el analista piensa a ese paciente y su mundo, lo cual no quiere decir que no haya muchísimos pacientes que tienen fe y se analizan. También hay terapeutas que creen en Dios, aunque esto es más difícil si uno elige el psicoanálisis. Pero en todo caso, lo que ningún analista puede es mezclar sus creencias en este aspecto con el tratamiento que lleva adelante. En cuanto a la lectura de libros de autoayuda, es muy frecuente que los pacientes consuman ese tipo de género y no complica en nada el avance del análisis. En este boom, la mayoría de la gente consume espiritualidad como si fuera una fórmula o receta mágica.
Los ataques de pánico parecen haber pasado a ser casi como una gripe. ¿Es un mal de época o siempre existieron?
Yo no me sumo a esas novedades diagnósticas que las empresas de medicamentos se esfuerzan en instalar por cuestiones comerciales. Te asombraría saber cuánta gente viene y me dice que tuvo ataques de pánico y después, cuando empezamos a hablar, me doy cuenta de que no hubo nada de eso. Los síntomas de lo que se llama ataques de pánico son muy precisos. Pero son sólo eso, síntomas, que nada dicen de la persona que los experimenta, de su singularidad, de su estructura. Por eso yo, como psicoanalista, prefiero centrar en cuestiones más profundas y subjetivas que una mera suma de síntomas.
Hoy se habla de crisis de relaciones padres e hijos, de crisis de pareja. ¿Hay una crisis de las relaciones?
Las relaciones humanas fueron, son y serán conflictivas. Como vivimos en esta época, suele creerse que es siempre la más violenta, la más conflictiva, la más crítica. Pero no es más difícil que antes. Caín y Abel no tuvieron una hermosa relación fraterna, me parece, y sin embargo de eso pasó mucho tiempo ¿no?
Hay que aceptar que relacionarse es difícil y que hay que ser muy sano para no caer en la construcción de vínculos enfermos. Pero no es un privilegio de nuestro momento presente, sino de la complejidad de los sujetos humanos.
¿Cuál es la clave de los vínculos: el tiempo o la calidad?
No sé si hay una clave. No creo que el tiempo diga demasiado de un vínculo ya que en mucho o poco tiempo se puede vivir algo hermoso o algo desagradable y sufriente. Y la palabra calidad me sumerge en asociaciones de mercado de consumo, por lo cual tampoco firmaría que se trata de eso. Cada relación es única e irrepetible, y en esa singularidad hay que construir algo que valga la pena ser vivido.
En el lado B del amor hablabas del mito del amor eterno, ¿tiene una vida útil el amor?
Nuevamente entramos en conflictos semánticos. La palabra “útil”, fíjate, remite a “utilidad”, es decir que tiene que dejar algún beneficio, que tiene que servir para algo. Y no creo que haya que pensar el amor como eso, como algo que sirve o no sirve, que es útil o inútil. El amor es un sentimiento complejísimo, que requiere de una gran madurez para no caer en situaciones de dolor, de celos, de posesión, incluso de violencia. Diría que el amor hay que vivirlo sólo cuando estar con alguien hace de nosotros una persona mejor que no estarlo. Algo que se pueda vivir con dignidad y placer.
¿Estás de acuerdo con la frase “el amor es un arte”?
Sí, aunque más que un acuerdo es una sensación de placer metafórico. Pensar en el amor como un arte es pensar al enamorado como a un artista. Alguien que construye, que corrige, que se esfuerza en hacer algo bello y mejor. En ese sentido, ojalá todos los amores se manejaran de ese modo.
¿Qué cosas enferman a una pareja?
La ingenuidad, los celos, la posesión, la imposibilidad de diálogo, el capricho, no llegar a entender que vivir en pareja es ceder, poner límites y consensuar. Y seguramente algunas otras cosas más que se me escapan en este momento.
¿La fidelidad es un concepto sobrevalorado o está mal entendido?
La infidelidad es una realidad, algo que puede ocurrir en cualquier relación. El ser humano no es natural sino cultural, y por eso cada quien se construye en su psiquis y su cultura de un modo particular. La sociedad occidental ha elegido la monogamia y los que vivimos en aquí lo sabemos. Pues bien, nosotros lo sabemos, pero nuestros deseos no. Entonces, hay que conocerse, sincerarse y entender que ser fiel es una decisión que muchas veces se lleva adelante con gran esfuerzo.
Más allá de los mandatos sociales y culturales, ¿qué pasa con las personas que no logran establecer una pareja? ¿Se puede prescindir del amor de pareja?
Sí, por supuesto. Estar en pareja es un derecho, no una obligación, y alguien puede decidir estar solo porque es lo que quiere para su vida en este momento. No es lo mismo el que no elijo, sino que está solo porque no consigue armar una relación. En un caso es una elección libre, en la otra una imposibilidad sintomática. De todos modos, hay que decir que la sociedad pareciera estar pensada para vivirla de a dos y que aun cuando la elección de estar solo sea tomada libremente, es posible que el entorno no lo entienda y vea en esto algo raro. Pero ya no es problema del sujeto, sino de la cultura.
Hay como un fenómeno de separación “fácil”. ¿Crees que es así? ¿A qué se debe?
No sé si es así. Cierto es que los matrimonio ya no son tan eternos como hace 50 años, pero no es menos cierto que eso también tiene que ver con que ahora la gente se permite más aceptar un fracaso, darse una nueva oportunidad y, por qué negarlo; las mujeres ya no necesitan de un hombre que las mantenga, de modo que eso también introdujo un cambio muy interesante en el modo de relacionarse. Ya nadie está obligado a quedarse por necesidad, de modo que el que se queda es por decisión, por deseo, o por otro tipos de miedo, causas que difieren mucho de lo que ocurría en el pasado.
Como contracara, hay muchas parejas con muy mala relación e infidelidad constante que no logran separarse. ¿Por qué cree que pasa esto?
Allí estamos metidos de lleno en una relación patológica. No hay ninguna relación que valga el costo de la angustia y la pérdida de la dignidad.


