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La Mañana

Hartazgo y oportunismo

A mitad de camino entre el hartazgo y la desesperación, los chacareros volvieron a las rutas convencidos de que sus urgencias son prioritarias; tanto, que poco les importa lo que piense o padezca el resto de la sociedad. Sería injusto apuntar con el dedo a un sector castigado por un contexto de múltiples factores desfavorables. Al fin y al cabo, empresarios, trabajadores, de un rubro o de otro caen siempre en el recurso fácil de llamar la atención tirando de alguna cuerda que ponga a otros en la discusión. Acaso los más diversos sectores productivos en la Argentina han echado mano, a lo largo de la historia, a métodos que tienden al perjuicio de terceros como un factor de presión. Por eso, tampoco ningún chacarero debería ponerse colorado cuando se los tilda de usar de rehén al resto de la sociedad para la eventual resolución de un conflicto propio, particular. Tanto es así que los argumentos de sus banderas suelen quedar relegados del centro de la discusión. Y el piquete se antepone -en la discusión social- al problema de fondo, del que seguro tienen elementos válidos para justificar la lucha.
Y aquí los protagonistas hacen gala de un evidente oportunismo para presionar. Profundizan su protesta a diez días de las elecciones provinciales en Río Negro, conscientes que uno de los postulantes -Miguel Pichetto- representa al gobierno nacional con el que confrontan. Es deber del Estado articular soluciones para que los diferentes sectores vean respuestas a sus demandas. Por eso hay parte de culpa en Nación por la falta de resolución, pero también la hay en los chacareros, que no encuentran más caminos que los ya conocidos por todos y que, en este caso, pocos resultados les han dado. El hartazgo de unos y su oportunismo chocan de frente contra la inacción de otros. Y en el medio, usted, su vecino y yo, salpicados por un conflicto ajeno. Es igual al cuento de la buena pipa.