Aunque Gerardo Martino aclaró anoche que lo juzga "estrictamente desde lo futbolístico", en el pasado eligió, en más de una entrevista, mandarle a Mauro Icardi un mensaje directo sobre sus pocas chances de vestir la celeste y blanca en su ciclo como entrenador de la Selección. Habló el Tata de su presencia constante en los medios chimenteros, y mencionó al pasar el ruido en los vestuarios argentinos que generó ese triángulo amoroso que dio nacimiento a un verbo inmortal: "icardear".
Las ventajas del DT albiceleste para no tener que dar explicaciones -o confirmar que el delantero no es citado por su "traición" a un compañero- son varias y de peso: Messi, Agüero, Higuaín, Dybala. Con esas megaestrellas por delante, el capitán del Inter -goleador del Calcio la temporada pasada- no puede patalear mucho cada vez que se queda fuera de una lista. De cara a los Juegos de Río, en cambio, tacharlo sin dejar en evidencia la penitencia es un poco más complejo. Cuando depure el plantel y de la extensa lista preliminar sólo queden 18 (los otros delanteros Sub-23 con nombre son Correa, Vietto, Dybala y Calleri), se sabrá si para Martino aquel pecado de juventud ya quedó en el olvido y lo que se impone es el talento del pibe, o si la mirada inquisidora del vestuario nacional tiene más peso y sus declaraciones de ayer no alcanzan para que deje de ser visto como el malo de la película.


