Icardi, el Tata y los códigos

Aun en 2016, cuando algunas viejas costumbres parecen tener cierto aroma a naftalina, en épocas de amores enredados y despidos por Whatsapp, se sabe que en el barrio y en el fútbol todavía hay códigos que no se rompen. Hacerlo, empujado por el amor u otros sentimientos menos poderosos, implica sumar una oscura mancha que llevará años limpiar.
Aunque Gerardo Martino aclaró anoche que lo juzga "estrictamente desde lo futbolístico", en el pasado eligió, en más de una entrevista, mandarle a Mauro Icardi un mensaje directo sobre sus pocas chances de vestir la celeste y blanca en su ciclo como entrenador de la Selección. Habló el Tata de su presencia constante en los medios chimenteros, y mencionó al pasar el ruido en los vestuarios argentinos que generó ese triángulo amoroso que dio nacimiento a un verbo inmortal: "icardear".
Las ventajas del DT albiceleste para no tener que dar explicaciones -o confirmar que el delantero no es citado por su "traición" a un compañero- son varias y de peso: Messi, Agüero, Higuaín, Dybala. Con esas megaestrellas por delante, el capitán del Inter -goleador del Calcio la temporada pasada- no puede patalear mucho cada vez que se queda fuera de una lista. De cara a los Juegos de Río, en cambio, tacharlo sin dejar en evidencia la penitencia es un poco más complejo. Cuando depure el plantel y de la extensa lista preliminar sólo queden 18 (los otros delanteros Sub-23 con nombre son Correa, Vietto, Dybala y Calleri), se sabrá si para Martino aquel pecado de juventud ya quedó en el olvido y lo que se impone es el talento del pibe, o si la mirada inquisidora del vestuario nacional tiene más peso y sus declaraciones de ayer no alcanzan para que deje de ser visto como el malo de la película.

De cara a los Juegos de Río, dejarlo fuera de la lista sin que parezca una penitencia suena más complejo.

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