Improvisación y calvario

El tarifazo del gas desnuda no solamente el amateurismo del gobierno nacional en materia de política energética, sino también la contradicción de afectar más a aquellos que ni siquiera pueden ostentar la categoría de usuarios residenciales en una provincia supuestamente gasífera.

Es verdad que en el kirchnerismo no abundó la materia gris en el manejo de los subsidios -de hecho terminó transformando el tema tarifario en un verdadero laberinto negro al macrismo-; sin embargo, los hombres que eligió el Presidente para el Ministerio de Energía le están originando un desgaste innecesario a fuerza de improvisaciones.

El Gobierno concentró sus esfuerzos inaugurales de la gestión en solucionar el cepo al dólar y cerrar un acuerdo con los fondos buitres, y no supo calibrar la crisis del gas y su impacto social en una Argentina con estancamiento e inflación.

Ayer se volvió a advertir en las calles de Neuquén el drama de miles de vecinos que viven un verdadero calvario para conseguir una garrafa de 10 kilos a 97 pesos.

Y, para colmo, ahora se denunció que la comúnmente conocida garrafa social es administrada en algunos casos con un dudoso criterio por los inefables punteros de turno. Un solo punto de venta de garrafas a precio “popular” es insuficiente para una ciudad del tamaño de Neuquén. Las autoridades no parecen tomar debida nota de lo que está sucediendo.

Entre tantas pálidas, de algo puede estar tranquilo el presidente Macri: miles de neuquinos no andan en pantalones cortos y ojotas por sus viviendas en días con temperaturas bajo cero. Y no porque quieran complacerlo, sino porque no tienen otro remedio.

Miles de vecinos ni siquiera ostentan la categoría de usuarios pese a vivir en un lugar con gas

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