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La Mañana

La angustia no tiene techo

Quizá bajo aquella teoría de que la previsión siempre genera tranquilidad, los argentinos promedio han hecho del concepto del “techo propio” un anhelo que aparece arriba en la lista de prioridades. Se trata casi de un mandato social, muy natural de un país en el que los vaivenes económicos son tan frecuentes. Es casi de manual oír a nuestros mayores aconsejar que, primero, la casa. Lo dicen porque han vivido esos cimbronazos que obligan a aferrarse a algo seguro… Y ser dueño del lugar en que se vive parece ser uno de esos sinónimos de estabilidad. 
El dato de que siete de cada diez neuquinos alquilan la vivienda que habitan, difundido ayer por la Unión de Inquilinos, pone sobre la mesa un número alarmante. Es que, si se tiene en cuenta aquella teoría sobre la tranquilidad, aquí asoma una sociedad con su angustia a flor de piel. Cierto es que la demanda habitacional de la provincia, que vive una nueva oleada inmigratoria, no resulta un dato menor. Unas quince familias ingresan cada día a Neuquén con la ilusión de forjar un futuro próspero. Pero ni el mercado ni la previsión del Estado logran seguir esa dinámica feroz. Por eso, el alquiler aparece como una solución rápida para una circunstancia que quizá sea coyuntural. Eso no es todo. Si bien los tres mil millones de pesos que el gobierno nacional inyectó a la economía real, vía el Procrear, son un fuerte estímulo a la concreción de la casa propia, son muchos más los que aún persiguen de lejos esa ilusión. El Estado no ha logrado revertir la retracción del mercado de créditos de largo plazo y, aunque la construcción surge como un buen esquema de inversión para combatir la inflación, no son justamente los trabajadores de clase media o baja los que acceden a ese tipo de aventuras. Con la situación nacional como un contexto desfavorable, en Neuquén se acentúa más el fenómeno de alquilar para vivir.