La audiencia como acting

Aveces hay películas que comienzan mal pero terminan bien. Si uno vence el denso letargo que sigue a los primeros actos, accede al premio de una recompensa final. Si uno persiste y esquiva el primer impulso del zapping rápido, puede suceder. A veces. No fue el caso de la trama completa de la etapa neuquina de la audiencia virtualmente pública por el tarifazo del gas. Esta suerte de acting de participación al que accedió un puñado de neuquinos terminó casi antes de empezar y en medio de la más injustificada violencia. La semana previa, coronada por la incertidumbre, fue de terror. Los formularios para llenar, la falta de datos acerca del desarrollo de un ámbito constitucionalmente establecido, desalentaban desde el vamos al más empecinado hijo de vecino. Incluso para la prensa fue difícil: el Ministerio de Energía de la Nación difundió un instructivo para acreditaciones que vencía a cinco horas del aviso. A tres días de su desarrollo, nadie sabía dónde tendría lugar.

En Neuquén, los aliados locales de Macri tenían la chance de hacer algo mejor con la audiencia pública.

El gobierno nacional y sus aliados neuquinos, no otros que la Provincia y el Municipio, tenían una oportunidad para atenuar localmente todo lo malo que se había hecho en el fragor de los aumentos indiscriminados. Podrían haber contribuido a tres días de plena participación, transparentando datos sensibles a los que muy rara vez se puede acceder, para luego dar paso al incremento del 203% con el que Nación puso paños fríos antes del cónclave de ayer. Por acción u omisión, se llevan su parte de la responsabilidad. Con todo, nada justifica el intento de ATE de torcer por la fuerza lo que no consiguió en los papeles. Después de todo, fue como precipitar lo de la semana previa: finalmente las puertas de la audiencia quedaron cerradas.

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