La contracara del apoyo a Lio

Por Lio Messi se unió y movilizó el país, el mismísimo presidente de la Nación intervino en la campaña de seducción y hasta se utilizó a los más pequeños para tratar de conmover al crack.

Por Lio Messi se unió y movilizó el país, el mismísimo presidente de la Nación intervino en la campaña de seducción y hasta se utilizó a los más pequeños para tratar de conmover al crack. Se envió, en definitiva, un sano y saludable mensaje en un momento doloroso. Ganar no es lo único, perder no debe alterar los valores. Pero esa grandeza en la derrota que mostró el pueblo argentino en el caso Lio tuvo una miserable contratara en la “condena social” que hoy afronta el infortunado Gonzalo Higuaín, quien carga con la pesada cruz de fallar delante del arco en las finales. Desde primeras figuras del periodismo nacional que afirmaron en vivo que el delantero surgido en River ya no puede jugar más en la Albiceleste, hasta los videos burlones sobre cómo debió definir el domingo para que fuera gol, pasando por memes y bromas de todo tipo. Los argentinos nos reímos de la desgracia de un compatriota semanas después de inflarnos el pecho por su récord de goles en el Calcio. Así de hipócritas somos…

El sano mensaje que el país envió en el caso Lio no tuvo

correlato en la hipócrita condena a Higuaín.

Está perfecto el apoyo al mejor jugador del mundo, está pésimo destrozar al sexto goleador histórico de la Selección. Siendo objetivos e hilando fino, ni el ídolo rosarino se salva de la debacle en las tres definiciones pérdidas, ni el atacante que se iría del Nápoli es el único responsable de las frustraciones. Que erró goles increíbles, que si metía algunas de esas situaciones hubiéramos cortado la interminable sequía de 23 años, que se bloquea en las finales… Tan cierto como que el propio y hoy intocable Messi también estuvo errático en la definición por penales contra Chile y que en los otros cotejos decisivos de 2015 y 2014 no logró lucir ni convertir. Pero hoy se le perdona todo al genio, así como antes se lo mataba injustamente. Lástima que un poquito de esa piedad no la guardamos para el pobre Pipita.

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