Fueron muchos los cuestionamientos que recibimos en las redes sociales cuando en la edición web hicimos una encuesta preguntando al lector si estaba de acuerdo con el nuevo bono para los petroleros.
Las quejas apuntaban a que la consigna era tendenciosa y dejaba un mensaje antitrabajador. Argumentaban que cada sindicato tiene el derecho de pelear por sus derechos, que los empleados del sector tienen un desgaste mayor al del resto y por eso merecen ganar mucho más, o que el diario tiene una posición editorial en contra de la actividad.
La mayoría de los que votaron (más del 57%) manifestaron su rechazo al pago adicional de los 21 mil pesos, una expresión que está bastante definida entre aquellos que no viven del petróleo. Los números del sondeo marcan que el tema es polémico entre la gente. La negativa de los lectores no está basada en la envidia, como lo aseguraron varios a través de Facebook, Twitter o en los propios comentarios del sitio.
El rechazo se enfoca en la distorsión que provoca el boom petrolero en los bolsillos del resto de los trabajadores.
Si bien es cierto que lo ideal sería que todos tengan mejores sueldos, la realidad es que cada vez que hay aumentos en el sector hidrocarburífero, el costo de vida en la ciudad y en la provincia se dispara. ¿Por qué? Porque el que tiene un servicio para prestar especula con el “cliente” petrolero. Entonces, al empleado de comercio, al docente, al empleado de la administración pública, al albañil (la lista puede ser interminable), el ingreso no les cambia; pero sí les modifica el valor del alquiler, el precio de los alimentos, la ropa. Aumentan los productos de necesidad básica y también los vinculados a la recreación y al entretenimiento. Y eso también es antitrabajador.


