La historia del concurso para crear el escudo de Neuquén

En el Archivo Histórico encontraron los proyectos que participaron.

Mario Cippitelli
cippitellim@lmneuquen.com.ar

NEUQUÉN
Había tanta expectativa y entusiasmo como nunca. Los neuquinos estaban felices de que tres años antes, el gobierno nacional le hubiera dado categoría de provincia a esa porción de territorio nacional olvidada en el norte de la Patagonia.

Para este nuevo status político era necesaria una Constitución que rigiera los destinos de la nueva provincia, pero también un símbolo característico, un emblema que identificara a Neuquén para siempre.

El 25 de febrero de 1958 la intervención federal lanzó un concurso abierto para quienes tuvieran la inspiración de dibujar aquel símbolo, con la forma, los motivos y los colores que quisieran. Lo importante era que fuera bien representativo de la provincia de Neuquén.

Uso Durante tres años, hasta la creación de la insignia, se utilizó el escudo nacional.

Conocida la convocatoria, artistas, dibujantes y entusiastas de distintos lugares de la provincia pusieron manos a la obra y comenzaron a imaginar aquel nuevo estandarte.

¿Qué debería tener el escudo de Neuquén para que fuera bien representativo? Algunos se inclinaron por el petróleo y las características torres y cigüeñas extrayendo el oro negro. Otros buscaron la inspiración en la naturaleza, reflejando los ríos y las montañas del interior. No faltaron quienes se inclinaran por la producción valletana, con las manzanas, las chacras y los canales de riego. La energía sería un tema pendiente. En aquellas épocas, el Limay todavía no estaba regulado por las grandes represas y corría desde el Nahuel Huapi hasta la Confluencia con toda su fuerza y esplendor. Podría estar representado, igual que el Neuquén salvaje, nacido en las entrañas del norte.

¿Qué más se podría incluir en el diseño de aquel escudo? ¿El Lanín, símbolo del sur? ¿El Domuyo, gigante custodio de la Cordillera del Viento? Tal vez era necesario no olvidarse de las araucarias milenarias o de la vieja Chos Malal, primera capital del territorio. ¿O debería estar el puente carretero que permitió la comunicación definitiva de la provincia hacia el este? Los entusiastas creadores dibujaron, armaron sus bocetos y finalmente presentaron sus obras para participar del concurso.

El 19 de septiembre de 1958 las flamantes autoridades provinciales finalmente instituyeron por ley el diseño de escudo que presentó Mario Aldo Mástice, un vecino que con el correr de los años formaría parte de la historia de la provincia, no sólo por su creación sino porque también fue uno de los pioneros de la aviación en Neuquén, con la empresa estatal de transportes aéreos TAN.

Mástice eligió como componentes representativos del emblema provincial al volcán Lanín, el sol, dos manos abiertas, un pehuén y estrellas. Mástice también creó el escudo de Chos Malal y la bandera de Neuquén.

Todos los proyectos presentados hace 58 años están guardados por personal del Archivo Histórico de la Provincia en una carpeta que contiene los originales con los nombres de sus creadores (algunos con seudónimos) y las direcciones y procedencias de cada uno. Cada proyecto refleja el entusiasmo de quienes participaron, con su impronta artística, sus colores e interpretaciones.

Uno solo triunfó, pero todos forman parte de la historia de aquel grupo de vecinos que, apasionados con el flamante título de provincia, aportaron su arte para esta primera insignia que tendría Neuquén.

Argumentos

"Su forma estilizada y el equilibrio todo que trasunta su figura es el sentir del siglo que tuvimos, el adelanto y la superación. Los laureles y el sol -parte de nuestro Escudo Nacional- simbolizan el legado de gloria y libertad heredado de nuestros mayores y, junto con el azul celeste y blanco, son testimonio de argentinidad".
"La figura del Lanín, la más bella expresión de nuestra cordillera nevada, por la majestuosidad de su forma -milagrosamente perfecta- y por la imponencia de su cúspide bravía, representa junto con el pehuén, nuestro árbol típico, el Neuquén de la leyenda y el indio, el del arcano telúrico, el de la historia nunca aprendida".

Texto de la ley que oficializa el escudo de Neuquén.

El elegido
Un diseño moderno y representativo

Un escudo simple, representativo y moderno. Así se podría definir en tres palabras la creación de Mario Aldo Mástice que fue adoptada como símbolo oficial de Neuquén.

El escudo es hexagonal y tiene en la parte posterior un fondo azul celeste con dieciséis estrellas doradas de cuatro puntas que representan los departamentos de la provincia y un sol con cinco crestas.

En la parte inferior, muestra imponente el volcán Lanín, y en el centro, un Pehuén que se levanta de dos manos con las palmas abiertas en señal de ofrenda. De ellas cae una cascada de agua. Completan la parte inferior, una serie de hojas de laurel con formas geométricas.

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