La ignorancia también mata

Que los pibes se vayan más temprano del boliche y se acuesten a dormir es el sueño de muchos. Sobre todo de los funcionarios que intentan de una vez por todas encontrar una solución a flagelos que ya son parte de nuestra sociedad: las drogas y el alcohol, junto con los excesos y la ignorancia. Pero puede que el resultado sea otro, así como la raíz del problema, que claramente es más profundo.

Un cambio de horario o incluso la prohibición de una fiesta parece no ser el camino para evitar que los jóvenes caigan en borracheras que rozan el coma alcohólico, o una sobredosis de alguna droga sobre la que luego todos opinamos.

El cambio no debe ser cosmético. Porque una hora más o una hora menos tal vez marque la diferencia en una minoría. Pero seguramente una hora menos dentro del boliche también signifique una hora más en una casa sin padres, un garage abandonado, una plaza o un after clandestino repletos, todos, de lo mismo que en los boliches o cosas peores.

El cambio debe ser de raíz. Al menos si queremos que haga efecto. Los chicos tienen que conocer el porqué de los límites. No sólo saber cuáles son y cómo esquivarlos. Y para eso es necesario un cambio real, que empiece en la casa y que continúe en la escuela, con una educación familiar e institucional que contenga y enseñe de verdad.

Porque un chico no se equivoca cuando se mete en la boca una pastilla "maldita". El chico se equivoca porque no sabe elegir, porque nunca le dieron las herramientas para distinguir entre lo que está bien y lo que está mal, entre lo que hace bien y lo que puede matar.

Pero el error no es del pibe. El error es de todos los que no actuamos a tiempo. Porque así dejamos que la ignorancia se lleve a cinco jóvenes en una fiesta que después advertimos no tuvo los controles adecuados. Y porque de golpe nos dimos cuenta de que en las fiestas venden droga.

Y la ignorancia no es sólo del pibe. La ignorancia también fue de los funcionarios que no miraron, no controlaron y no educaron. Pero lo primero que hicieron fue prohibir y poner límites, en vez de intentar atacar el problema de raíz.

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