La ilusión de una audiencia

Un mes necesitó la Corte Suprema de Justicia para resolver los planteos judiciales a lo largo y lo ancho del país por el tarifazo en el servicio de gas. El máximo órgano judicial de Argentina decidió retrotraer los valores a abril pasado (sólo para los usuarios residenciales), mantener la tarifa social y concretar la audiencia pública.

Fue una definición apegada a la máxima legislación, la Constitución Nacional. La fría letra legal que muchas veces los políticos olvidan en pos de la conveniencia o la necesidad del momento. Y, en ese punto, están las audiencias públicas que se deben llevar a cabo cuando de servicios públicos hablamos, en base a una democracia deliberativa y una oportunidad de igualdad ante la ley.

Será un espacio de catarsis. Servirá para descargarse. Sólo eso. El aumento finalmente llegará.

Una igualdad que no será federal, ya que la regulación del servicio de gas se maneja a nivel nacional, a través del Enargas, y sólo habrá un encuentro en Buenos Aires para que vecinos, organizaciones y todo aquel que quiera opinar lo haga. Será un espacio de catarsis que cada ciudadano utilizará para descargarse por lo ocurrido en la última década, en el primer semestre o en cada oportunidad que vamos al supermercado y vemos que los precios van en alza y los bolsillos cada vez son más flacos y el fin de mes queda más lejos. Será eso y nada más, porque las audiencias no son vinculantes.

Para el Gobierno será la única salida de una situación delicada que le costó varios dolores de cabeza y casi la continuidad de un ministro. La Justicia tendrá su baño de popularidad. Y para nosotros, un impasse, un sentir que somos quienes tenemos el verdadero poder de las decisiones, aunque para ser escuchados debamos viajar a Buenos Aires. ¿El aumento? No lo podremos evitar.

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