La manzana no está de fiesta

La Fiesta Nacional de la Manzana, que se desarrollará hasta mañana en Roca, se convirtió a lo largo de su historia en la celebración popular más convocante de la Patagonia. Sin embargo, poco tiene que ver hoy con lo que fue su génesis. Lejos quedó aquella industria pujante de la fruticultura, que supo enorgullecer a los valletanos y que fue justamente la que inspiró el evento cultural. Las hectáreas en producción en la región cayeron a menos de la mitad, en comparación a las que existían en la década del 70, y año a año la actividad se fue precipitando hacia el abismo, sin encontrar aún el fondo, en lo que parece ser la crónica de una muerte anunciada.

En la última temporada, 200 millones de kilos de manzanas y peras se terminaron pudriendo en las plantas porque no había a quién vendérselas. Algo similar está ocurriendo este año, a pesar del cambio de gobierno a nivel nacional que había encendido la ilusión de los productores, pero que hasta el momento sólo benefició a las grandes empresas exportadoras con la quita de retenciones y la devaluación del peso.

Lejos quedó aquella industria pujante, que enorgullecía a los valletanos e inspiró el evento cultural.

Pero la manzana tiene su fiesta, con la presentación de destacados artistas como, en esta edición, Márama, Illya Kuryaki, No Te Va Gustar, Soledad Pastorutti, Los Nocheros, Abel Pintos y Lali Espósito, entre tantos otros. El éxito de esta propuesta recreativa no tiene comparación, a pesar de la mala cara del clima que en varias ocasiones la acompañó como telón de fondo. El congestionamiento de la Ruta 22 horas antes de cada espectáculo es un fiel reflejo de esta situación. Sin embargo, hoy es sólo un simbolismo hueco, orientado principalmente a la recreación de las familias y, de paso, a obtener algún rédito político. Pero de la manzana ya nadie se acuerda.

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