La mitad más uno

La alternancia robustece a las democracias, de eso no hay dudas. Apenas un poco más de la mitad de la sociedad finalmente digirió la idea de cambio que venía rumiando desde hace tiempo. Y fue Mauricio Macri el que mejor logró interpretar esa necesidad. Fue él quien, rápido de reflejos, entendió que mucho de lo hecho por el kirchnerismo significaba un avance concreto y no se puso colorado al dar vuelta sus ideas en plena campaña y adaptarlas para conformar a los votantes. Cambió a tiempo para ganar, por poco, pero al fin ganar.

Es que el cambio reclamado parece plantear más consensos y menos confrontación. Pero no volver a empezar. Daniel Scioli, a su vez, demoró demasiado en reaccionar y mostrarse como una buena alternativa a los modos de Cristina Fernández. Es que Scioli agachó la cabeza tantas veces que al final le costó demasiado hacer creer que podía ser realmente Scioli.

La renovación tendrá que atender las nuevas demandas sociales, que piden más diálogo y consenso.

La ajustadísima victoria plantea un escenario complejo, en todo sentido. Incluso, habrá que ser muy prudente con la sobreexpectativa de un nuevo gobierno que tendrá que demostrar gestión ante las dificultades reales de los argentinos. Ganó Macri, pero la inflación y otros problemas siguen ahí, latentes. Y la política no es sólo gestión. También hacen falta ideas sobre el rumbo...

Ahora tendrá que gobernar sobre una sociedad partida. Debe saber que muchos no lo votaron porque lo eligieron, sino porque optaron por la única alternativa que había frente a un modo de hacer política que ya los había hartado. Algo cambió en la Argentina y otra vez fue gracias a la voluntad popular. Y aunque sea exigua, es la diferencia que respalda el cambio. Hay que aceptarla.

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