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La Mañana

La nafta para todos es cara

El gobierno nacional acaba de aprobar una suba del 1,3% en los combustibles. Es la sexta en seis meses. La variación, en parte, permitirá compensar los efectos de la pérdida de valor del peso en los balances de las refinadoras: compran petróleo en dólares y venden sus productos en pesos. La depreciación paulatina es lo que reduce sus ganancias, argumentan. Es decir, la novela del dólar y la inflación como subtrama de cualquier resquicio de la economía. YPF tiene una posición mayoritaria en el mercado y por eso será la más beneficiada. Produce petróleo y lo refina casi en su totalidad. Nadie en su sano juicio podría estar en contra de la recuperación de la estratégica empresa del Estado. Argentina gasta miles de millones de dólares en la compra de combustibles para abastecerse. Esos dólares son un faltante esporádico para las reservas del Banco Central. Esto implica una cíclica posición de debilidad para afrontar los embates financieros, entre otras variables. Ante esta situación, no es que haya tampoco tantas alternativas. De ahí la importancia de recuperar una empresa que en rigor es un emblema. El Gobierno parece estar inmerso en una suerte de paradoja en esta carrera de largo aliento que es transitar el camino de la recuperación de la soberanía energética: reactivar YPF le permitiría fortalecer la economía, ahorrarse una friolera de dólares a futuro. Pero al mismo tiempo ese camino tiene un costo directo. Y es el precio que pagan los dueños de los autos que votaron a Cristina, también, por eso: para subirse por primera vez a un vehículo. Es una línea muy fina a transitar, sobre todo en un año electoral como el 2015, tan vinculados como están los precios en este país al valor de los combustibles.