Como le gusta decir a la Presidenta, todo tiene que ver con todo. ¿Puede ser que algunas de las decisiones que tomó la Justicia neuquina esta semana se relacionen con la revuelta policial de diciembre de 2013?
Como se recordará, aquella rebelión tuvo un cariz reivindicativo. Por un lado, fue un reclamo salarial. Por el otro –y así lo gritaban algunas pancartas de la familia policial autoconvocada en el playón de la Jefatura–, hubo pedidos de amparo para los hombres que cayeron en desgracia por abusar del gatillo reglamentario. Entre esos, flameaba el nombre del policía Claudio Salas, condenado a perpetua por el crimen de Braian.
Lo salarial se resolvió en apenas 72 horas, porque el Gobierno prefirió bombardear dinero antes de que el incipiente activismo sindical pudiera meter ideas locas en aquellas cabezas.
Pero había otro asuntillo ahí, que parece encontrar en estos días alivio con gestos que no pasan inadvertidos puertas adentro de la Fuerza.
Por ejemplo, que un tribunal policial terminó exonerando a los policías del Sinpope, fortaleciendo la línea de mandos. Por ejemplo, que el Tribunal de Impugnación dé luz verde al traslado del asesino de Fuentealba a la cárcel de Zapala (al cabo Darío Poblete hubo que mudarlo a la U11 porque en Zapala le permitían salir a oxigenarse a pesar de su pesada condena). Y, por ejemplo, que el TSJ acordó rebajar la calificación del delito por el que el hoy el ex policía Salas está preso. En los hechos, Salas purgará su pena por homicidio simple, con la consiguiente reducción de años a la sombra.
Es probable que nada tenga que ver con nada, pero escuchada a la distancia, esta orquesta afina tan bien…

