La pesadilla de los motochorros

La delincuencia neuquina siempre estuvo atenta a las innovaciones de sus pares en el resto del país. Fue así que hace más de una década desembarcó la modalidad de motochorros que hoy jaquea a los vecinos, a la Policía y al Gobierno.

La Policía y el Gobierno corren detrás de delincuentes que se mueven con rapidez y efectividad.

A mediados de la década pasada, el accionar de los motochorros se limitaba a la zona bancaria, donde realizaban salideras y, a bordo de las motos, huían rápidamente del microcentro. De a poco, su territorio se expandió al área comercial del Bajo, donde los arrebatos eran una constante y las Scooter el mejor medio para eludir el denso tráfico y escapar con éxito.

La Policía, siempre corriendo de atrás a la delincuencia que es vanguardista de por sí, comenzó a implementar operativos en el centro y fue así que los motochorros mudaron su actividad a los barrios y la zona comercial del oeste.

Pero los magros botines de la cartera y la mochila no eran un atractivo frente a la ecuación riesgo-beneficio.

Es por eso que sus ataques se volcaron sobre los comercios donde el dinero en efectivo siempre está presente. Agencias de quiniela, estaciones de servicios, kioscos y minimercados fueron acechados por estos ladrones que a punta de pistola se alzaban con el botín y huían raudamente en las motitos. La vuelta que encontró la Policía a la problemática fue secuestrar motos ante la falta de documentación. Hoy, el depósito municipal de Parque Industrial y las comisarías están plagadas de estos vehículos.

"Son un problema los motochorros porque es muy difícil combatirlos", admitió ayer un funcionario de gobierno que analiza cómo neutralizar el accionar de estos delincuentes que se transformaron en una pesadilla para todos los neuquinos.

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