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La Mañana

La verdad no le importa a nadie

Desde esa medianoche del domingo en la que primero el Twitter y luego la TV nos anunciaron un “incidente” que sacudiría al país, estuvimos toda la semana ahí, pegaditos a la última novedad, consumiendo en vivo lo que tenían para darnos, aprendiendo y opinando de Nisman, Lagomarsino, Fein, Stiusso, Khalil y los que rayen. Y así seguimos hoy, sabiendo que el disparo fue a un centímetro de la cabeza del fiscal. Pero, seamos sinceros, ¿a cuántos de nosotros nos interesa la verdad? ¿Qué nos cambia cada anuncio si desde el instante mismo en que explotó la noticia todos tenemos una sentencia firme? Se suicidó asfixiado por el humo de su denuncia, los mercaderes del odio le tiraron un muerto a la Presidenta, dicen desde entonces de un lado. Lo mataron para callarlo o lo suicidaron por meterse con Cristina, dicen del otro. Y ninguno va a cambiar de opinión. Cero chances. No habrá prueba que lo consiga. Hay mil interrogantes, pero todos tenemos  la posta, otra vez expertos en casos policiales y en derecho (ya sabíamos si la denuncia era seria o un mamarracho incluso antes de leerla, raro, ¿no?). Y si jugamos a ser detectives con Mangeri o la familia Pomar, cómo no hacerlo con una muerte política que será parte de la historia. Desde hace años, todos se encolumnaron de un lado de la trinchera y cada noticia tiene un prisma bien definido para los kirchneristas y otro opuesto para quienes los odian. No hay grises. Murió en circunstancias poco claras un fiscal que días antes había denunciado a la Presidenta. Es gravísimo y será una mancha en la historia del kirchnerismo. Pero también es grave que la verdad ya no le importe a nadie. Porque los gobiernos pasan, pero las divisones seguirán.