La violencia naturalizada

Desde hace un buen tiempo a esta parte, los argentinos aprendimos a naturalizar cuestiones negativas, que nos hacen daño y que no nos permiten crecer y desarrollarnos como sociedad.
Naturalizamos la corrupción, el hambre, las malas praxis políticas, las injusticias y -ahora más que nunca- la violencia.

La naturalización es el proceso por el cual ciertos fenómenos y pautas de comportamientos son considerados el modo de ser de las cosas en el mundo, como parte esencial de la naturaleza de la sociedad.

El domingo, un grupo de jóvenes fue baleado en horas del mediodía en el barrio Melipal por dos personas que pasaban en moto. Una chica de 20 años murió, otro de 24 se encuentra grave. Creen en un ajuste de cuentas.

Durante la madrugada de ayer en Gran Neuquén Norte, la casa de un menor involucrado en un crimen fue baleada por cuarta vez. Durante la semana había recibido ataques similares a modo de venganza. Tal vez muera alguien en las próximas horas. Es muy posible.

Se naturaliza la violencia y con cada hecho somos más inmunes, menos sensibles y sin capacidad de asombro.

En Cutral Co una vendetta narco terminó con la vida de un hombre y en Centenario, cansados de los robos, vecinos de un barrio decidieron demoler una vivienda habitada por una banda de delincuentes que venía de Añelo.

Son casos policiales que son ampliamente difundidos en los medios, pero que tienen la vida explosiva y efímera de las noticias.

Naturalizamos la violencia y con cada hecho que ocurre somos más inmunes, menos sensibles y sin capacidad para el asombro y el espanto. Y esperamos que llegue el próximo como si fuera parte de la rutina. Aun con el riesgo de que finalmente nos impacte. O que termine con nosotros mismos.

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