Naturalizamos la corrupción, el hambre, las malas praxis políticas, las injusticias y -ahora más que nunca- la violencia.
Se naturaliza la violencia y con cada hecho somos más inmunes, menos sensibles y sin capacidad de asombro.
En Cutral Co una vendetta narco terminó con la vida de un hombre y en Centenario, cansados de los robos, vecinos de un barrio decidieron demoler una vivienda habitada por una banda de delincuentes que venía de Añelo.
Son casos policiales que son ampliamente difundidos en los medios, pero que tienen la vida explosiva y efímera de las noticias.
Naturalizamos la violencia y con cada hecho que ocurre somos más inmunes, menos sensibles y sin capacidad para el asombro y el espanto. Y esperamos que llegue el próximo como si fuera parte de la rutina. Aun con el riesgo de que finalmente nos impacte. O que termine con nosotros mismos.


