La prestación del servicio de energía que ha venido desvelando a los pobladores de Las Perlas es una de las tantas encrucijadas -quizás hoy la más importante- a la que están expuestos en el paraje que, si bien es cipoleño, tiene a la mayoría de sus habitantes con domicilio en Neuquén. Cientos de páginas de un libro se podrían escribir con las rarezas de este sitio. La geográfica es la más destacada: pertenece a una ciudad cuya principal vía de comunicación requiere atravesar casi el largo completo de la capital de otra provincia.
Hay otros dos aspectos que son para destacar. Para votar, los perlenses “oficiales” deben trasladarse 240 kilómetros porque electoralmente dependen de Cerro Policía. Y hasta hace poco, sus trámites judiciales se resolvían en Roca. De fondo está la municipalización, tan necesaria como complicada de alcanzar en el corto plazo.
A CALF, el paraje (en el que viven 10 mil personas) le genera pérdidas de 400 mil pesos mensuales porque solo pagan 290 usuarios y hay 1.700 “colgados”, organismos públicos incluidos. Para achicar su déficit, la nueva conducción de la cooperativa puso allí uno de sus objetivos. Del otro lado del puente, en principio se había elaborado una propuesta para invertir en infraestructura, que no había convencido.
Los tiempos apremiaban, faltaban un puñado de días para que venciera el ultimátum (el 1 de agosto). Río Negro debía presentar una propuesta que convenciera a CALF. La cooperativa local amenazaba con dejar sin electricidad a miles de personas, una solución que por supuesto no era la mejor.
Y casi sobre la hora, ayer, se llegó a un principio de acuerdo. Atrás quedan meses de innecesaria tensión para los perlenses. Por una vez el sentido común le gana terreno a los errores del pasado.


