Córdoba
Uno de los 182 choferes despedidos por la empresa de transporte urbano Aucor, en Córdoba, falleció como consecuencia de un infarto. Se trata de Gerardo García, un trabajador de 48 años que trabajaba en Autobuses Córdoba hace 8 años y murió por un pico de estrés.
Familiares de García cargaron contra el ex delegado de la UTA Marcelo Marín y lo acusaron de haber sido él quien instigó a García a no firmar la reincorporación y aceptar el despido. “Mi hermano, de un momento para el otro, se vio sin nada, él nos ayudaba a todos. Falleció repentinamente por un problema de corazón”, dijo Victoria, hermana de Gerardo. Y agregó: “Si lo veo a Marín le digo todo lo que pienso en la cara y lo escupo. Mi hermano está en un cajón y Marín lo usó políticamente. Lo ilusionaron que lo iban a volver a tomar. Mi hermano nunca hubiese querido participar de una cosa de esa (paro). Nunca le gustó, siempre fue pacífico. No quiero que usen el nombre de él. Si quieren tomar a los choferes despedidos, que lo hagan de corazón”.
Por su parte, Diego Salas, amigo de Gerardo, contó al medio Cadena 3 que el chofer había recibido el telegrama de reincorporación y, para proceder correctamente, le consultó a su delegado Marín, qué debía hacer: “Se dejó influir por Marín, él le alimentó las esperanzas de que siempre iba a tener trabajo”. Salas recordó que García ayudaba a todos, tenía su vida organizada y tres hijos: “Nunca faltó, trabajó por ocho años. Marín se tomó atribuciones y le arruinó la vida”.
La protesta que afectó al transporte urbano en la ciudad de Córdoba y que motivó los despidos de 182 trabajadores se registró del 5 al 13 de julio pasado.
Padre y abuelo
Gerardo García era padre de tres jóvenes de 20, 21 y 23 años, y abuelo de un bebé. Se desempeñaba como chofer de Autobuses Córdoba desde el 2009, luego de prestar servicios en la compañía Tamse desde el 2007. Toda su vida -relata Jesús, su hijo mayor- estuvo vinculado al transporte: “Desde joven trabajó arriba de un vehículo. Era camionero. Le gustaba manejar”, señaló. Estaba casado y residía en una vivienda de barrio Quebrada de las Rosas en la zona noroeste de la ciudad de Córdoba, la cual compartía además con su madre.
Gerardo se levantaba muy temprano para tomar mate y leer el diario. Al ver que no se despertaba, su madre se acercó a la cama y notó que no respiraba. De inmediato llamó a la ambulancia, cuyo personal médico al llegar constató su muerte.
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